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Toda la naturaleza es un anhelo de servir. Sirve la nube, sirve el
viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo; donde haya un esfuerzo
que todos esquivan, acéptalo.

Sé el que aparta la piedra del camino, el odio de los corazones y las
dificultades del problema. Hay la alegría de ser sano y la de ser
justo; pero hay la hermosa, la inmensa alegría de servir. Qué triste
sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera en él un
rosal que plantar, una empresa que emprender…

No caigas en el error de creer que sólo se hacer mérito con los
grandes trabajos; hay pequeños servicios: regar un jardín, ordenar
unos libros, peinar a una niña. El servir no es sólo tarea de
seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera
llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos en nuestras manos y
nos pregunta cada día:

¿Serviste hoy?

¿A quién?

¿A qué árbol, a tu amigo, a tu madre?.

Gabriela Mistral