EL VALOR DEL PERDON

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El perdón es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de
vida. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que aceptamos
para nosotros

Víctor Manuel Guzmán Villena

Todo el conocimiento del mundo vale poco si nuestro rencor sigue
creciendo cada vez más que el comportamiento de un desconocido que
nos recuerda nuestras relaciones no sanadas. ¿De qué nos sirve
conocernos a nosotros mismos, si lo usamos para avivar el odio que
tenemos y el sentimiento de culpabilidad, que nos dicen que, a pesar
de todos nuestros esfuerzos, jamás seremos capaces de ser, de hacer,
ni de servir lo suficiente para ser dignos de nuestro amor propio?

El perdón supone aceptar de verdad nuestro propio merecimiento como
seres humanos, entender que los errores son oportunidades para
crecer, tomar conciencia y desarrollar la compasión, y comprender que
la magnitud del amor por nosotros mismos y por los demás es el
pegamento que mantiene unido al universo.

El perdón es una respuesta, la respuesta implícita de nuestra
existencia. El perdón es el medio para reparar lo que está roto. Coge
el corazón roto y lo repara. Coge el corazón atrapado y lo libera.
Coge el corazón manchado por la vergüenza y la culpa y lo devuelve a
su estado inmaculado. El perdón restablece en el corazón la inocencia
que conocimos en otro tiempo, una inocencia que nos permite la
libertad de amar.

Cuando perdonamos y somos perdonados, siempre se transforma nuestra
vida. Las dulces promesas del perdón se cumplen y se nos ofrece un
nuevo comienzo con nosotros mismos y con el mundo. El concepto del
perdón puede provocar dos cosas: o bien imposibilitarnos, limitando
nuestra capacidad para la claridad y la alegría, o bien animarnos,
ofreciéndonos una manera de dejar el pasado y ser libres para vivir
con mayor paz y felicidad.

Perdonar no es justificar comportamientos negativos o improcedentes,
sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia, la agresión, la
traición y la deshonestidad son solo algunos de los comportamientos
que pueden ser totalmente inaceptables. ¿Se puede perdonar a un
trabajador incompetente y despedirlo por no hacer bien su trabajo? No
es preciso ir y decirle: Te perdono, aunque a veces esto puede ser
una parte importante de perdonar. El perdón solo requiere un cambio
de percepción, otra manera de considerar a las personas y
circunstancias que creemos que nos han causado dolor y problemas.

Como todos sabemos, la rabia y el rencor son emociones muy fuertes
que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Cuando nos quitamos
las capas, probablemente se descubrirá que esa rabia en realidad es
un sentimiento superficial. No en el sentido que sea trivial o falso,
sino en el de que hay muchos sentimientos y dinámicas por debajo de
él. Cuando nos perdemos en la rabia nos volvemos sordos a nuestros
sentimientos más profundos. Hemos aprendido a escuchar solo aquellos
que saben gritar más fuerte.

Muchos creen que permanecer enfadados, aferrarse al rencor es
sinónimo de poder, energía y dominio. Pero en realidad lo único que
descubren son sentimientos de impotencia, desilusión, inseguridad,
aflicción o miedo y los usan con frecuencia en sustitución de los
sentimientos de verdadero poder personal.

A veces es mucho más cómodo sentir rabia que sentir el temor y la
tristeza. De hecho, una razón por la que suele ser difícil perdonar
es que para hacerlo se debe sacar a la luz y aceptar la verdad de lo
que realmente sentimos. Esto puede ser una revelación dolorosa si
hemos aprendido a convivir con la negación y la represión. Sin
embargo, se debe tratar de recodar que al otro lado del dolor está el
alivio y una mayor paz mental. Cuando se lleva gran parte de la vida
sintiéndose víctima, puede que halle una enorme resistencia a
perdonar, porque al hacerlo renuncia a una buena parte de su
identidad. Perdonar no significa negar que se haya sido una víctima,
quiere decir que el hecho de haberlo sido ya no domina necesariamente
la identidad y la vida emocional actual.

A medida que se vaya trabajando con el perdón, es importante tomar en
cuenta los pensamientos que afloran y las reacciones. Si aparece el
temor, la autocrítica, las dudas hay que ser amable consigo mismo.
Estos sentimientos son como una parte natural del proceso de cambio.
En realidad, ser amable consigo mismo es, de por sí, un gran acto de
perdón para con uno mismo. Al margen de los pensamientos o
sentimientos que surjan, afirma el compromiso de tratarse con
amabilidad. Se amable con uno mismo no significa que no ponga
esfuerzo y voluntad, ni que se justifiquen pensamientos o
comportamientos que se consideran impropios, sino que se puede
aprender sin necesidad de azotarse la dureza con uno mismo y que
alimenta un ciclo contraproducente que quita poder y favorece el
sentimiento de culpa, falta de respeto y autoestima por uno mismo.

El perdón es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de
vida. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que aceptamos
para nosotros. El perdón es una decisión, la de ver más allá de los
límites de la personalidad de otra persona, sus miedos,
idiosincrasias, neurosis y errores, la decisión de ver una esencia
pura, no condicionada, por historias personales que tienen una
capacidad ilimitada y siempre digna de respeto y amor.

Cada vez que se hace un cambio, debilitamos el monopolio del ego
sobre nuestras percepciones y nos capacitamos para dejar marchar,
liberar y olvidar el pasado. El perdón suele experimentarse como un
sentimiento de dicha, paz, amor y apertura del corazón, alivio,
expansión, confianza, libertad, alegría y una sensación de estar
haciendo lo correcto. El perdón es una forma de vida que nos
convierte gradualmente de víctima de nuestra propia circunstancia en
poderosos y amorosos creadores de nuestra realidad. Supone un
compromiso de experimentar cada momento algo nuevo, con claridad y
sin temor. Es la desaparición de las percepciones que obstaculizan
nuestra capacidad de amar.

El perdón nos enseña que podemos estar en desacuerdo con alguien sin
retirarle el cariño y respeto. Nos lleva más allá de los temores y
mecanismos de supervivencia propio de nuestro condicionamiento, hacia
una visión valiente de la verdad que nos ofrece un nuevo campo de
elección y libertad, en donde podemos descansar de nuestras luchas.
Nos guía hacia donde la paz no es desconocida y nos da la posibilidad
de saber cual es nuestra fortaleza

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