Embarullando Papeles

Un hombre recibió una carta de un de sus acreedores,
cobrando la falta de pago y exigiendo providencias
inmediatas. Él escribió de vuelta para la empresa y dijo:
“Caro señor. Todo mes yo escribo el nombre de las cuentas
que debo en pequeños papeles, los arrollo y los coloco sobre
la mesa. Yo les embarullo y, después, sorteo tres para
pagar. Si recibe más una de sus cartas desaforadas, retiraré
el nombre de su firma de lo sorteo del prójimo mes.” ¿Ha
usted sacado Dios de los papeles embarullados de su vida?

¿Cuáles son las prioridades de nuestra vida? ¿Lo que tenemos
juzgado importante y qué nos parece sin importancia? ¿En
nuestras decisiones, lo que tiene realmente sido llevado en
consideración? Parece que a la semejanza del hombre de
nuestra ilustración, colocamos todos nuestros intereses en
pequeños papeles y vamos sorteando una a un para que sepamos
cuales serán nuestros próximos pasos.

Y se ha sido realmente así, ¿será que retiramos Dios de los
papeles embarullados? Enveredamonos por todos los caminos y
experimentamos toda suerte de aventuras. Trompicamos en la
primera tentativa, tambaleamos en otra e, de herida en
herida vamos siguiendo sin rumbo y sin perspectivas de
llegar a lugar alguno. Embarullamos y sorteamos las
tentativas de dicha, pero nada conseguimos porque Dios se
quedó fuera de todo.

Si realmente anhelamos alcanzar la realización de nuestros
sueños y un lugar junto al Señor en Su gloria, el mejor a
hacer es dejar que Él mismo dirija nuestras vidas y
embarulle los papeles que determinarán las decisiones que
nortearán nuestra vida espiritual. Dejando por cuenta de Él,
no correremos el riesgo de escoger el papel equivocado y ni
de seguir en dirección contraria a la felicidad.

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Fecha de publicación: 13. febrero 2008
Categoría: Cuentos |

2 comentarios a “Embarullando Papeles”

  1. sibel dijo:

    muchas veses se piensa q la q uno tiene en mente

    es prioridad pero al pasar el tiempo la visual de todo cambia junto con las prioridades ahy q

    tratar de tener las cosas claras para despues mirar hacya tras y no sentirse desepcionado…

  2. cristian jose dijo:

    TERCER NEFI

    EL LIBRO DE NEFI

    HIJO DE NEFI, QUE ERA HIJO DE HELAMÁN

    Jesucristo se manifestó a los del pueblo de Nefi, mientras se hallaba reunida la multitud en la tierra de Abundancia, y les ministró; y de esta manera se les manifestó.

    Comprende los capítulos 11 al 26 inclusive.

    CAPÍTULO 11

    El Padre da testimonio de su Hijo Amado—Cristo aparece y proclama su expiación—Los del pueblo palpan las marcas de las heridas en sus manos, en sus pies y en su costado—La multitud exclama ¡Hosanna!—Él establece el método y la manera del bautismo—El espíritu de contención es del diablo—La doctrina de Cristo es que los hombres deben creer, ser bautizados y recibir el Espíritu Santo. Aproximadamente 34 d.C.

    1 Y aconteció que se hallaba reunida una gran multitud del pueblo de Nefi en los alrededores del templo que se encontraba en la tierra de Abundancia, y estaban maravillándose y asombrándose entre sí, y mostrándose los unos a los otros el agrande y maravilloso cambio que se había verificado.

    2 Y también estaban conversando acerca de este Jesucristo, de quien se había dado la aseñal tocante a su muerte.

    3 Y aconteció que mientras así conversaban, unos con otros, oyeron una avoz como si viniera del cielo; y miraron alrededor, porque no entendieron la voz que oyeron; y no era una voz áspera ni una voz fuerte; no obstante, y a pesar de ser una voz bsuave, penetró hasta lo más profundo de los que la oyeron, de tal modo que no hubo parte de su cuerpo que no hiciera estremecer; sí, les penetró hasta el alma misma, e hizo arder sus corazones.

    4 Y sucedió que de nuevo oyeron la voz, y no la entendieron.

    5 Y nuevamente por tercera vez oyeron la voz, y aguzaron el oído para escucharla; y tenían la vista fija en dirección del sonido; y miraban atentamente hacia el cielo, de donde venía el sonido.

    6 Y he aquí, la tercera vez entendieron la voz que oyeron; y les dijo:

    7 He aquí a mi aHijo Amado, ben quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd.

    8 Y aconteció que al entender, dirigieron la vista hacia el cielo otra vez; y he aquí, avieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos. Y los ojos de toda la multitud se fijaron en él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido.

    9 Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo:

    10 He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.

    11 Y he aquí, soy la aluz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga bcopa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, ctomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la dvoluntad del Padre en todas las cosas desde el principio.

    12 Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había aprofetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría después de su ascensión al cielo.

    13 Y ocurrió que les habló el Señor, diciendo:

    14 Levantaos y venid a mí, para que ametáis vuestras manos en mi costado, y para que también bpalpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el cDios de Israel, y el Dios de toda la dtierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.

    15 Y aconteció que los de la multitud se adelantaron y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con los ojos y palparon con las manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que aera él, de quien habían escrito los profetas que había de venir.

    16 Y cuando todos hubieron ido y comprobado por sí mismos, exclamaron a una voz, diciendo:

    17 ¡Hosanna! ¡Bendito sea el nombre del Más Alto Dios! Y cayeron a los pies de Jesús, y lo aadoraron.

    18 Y aconteció que le habló a aNefi (porque Nefi se hallaba entre la multitud), y le mandó que se acercara.

    19 Y se levantó Nefi, y se acercó y se inclinó ante el Señor, y le besó los pies.

    20 Y el Señor le mandó que se levantara; y se levantó y se puso de pie ante él.

    21 Y el Señor le dijo: Te doy apoder para que bbautices a los de este pueblo cuando yo haya ascendido al cielo otra vez.

    22 Y además, el Señor llamó a aotros, y les habló de igual manera, y les dio poder para bautizar. Y les dijo: De esta manera bautizaréis; y bno habrá disputas entre vosotros.

    23 De cierto os digo que a quienes se arrepientan de sus pecados a causa de vuestras apalabras, y bdeseen ser bautizados en mi nombre, de esta manera los bautizaréis: He aquí, descenderéis y, cestando de pie en el agua, en mi nombre los bautizaréis.

    24 Y he aquí, éstas son las palabras que pronunciaréis, llamándolos por su nombre, diciendo:

    25 Habiéndoseme dado aautoridad de Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del bPadre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

    26 Y entonces los asumergiréis en el agua, y saldréis del agua.

    27 Y según esta manera bautizaréis en mi nombre, porque he aquí, de cierto os digo que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo son auno; y yo soy en el Padre, y el Padre en mí, y el Padre y yo somos uno.

    28 Y de acuerdo con lo que os he mandado, así bautizaréis; y no habrá adisputas entre vosotros, como hasta ahora ha habido; ni habrá disputas entre vosotros concernientes a los puntos de mi doctrina, como hasta aquí las ha habido.

    29 Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de acontención no es mío, sino es del bdiablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

    30 He aquí, ésta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas.

    31 He aquí, en verdad, en verdad os digo que os declararé mi adoctrina.

    32 Y ésta es mi adoctrina, y es la doctrina que el Padre me ha dado; y yo doy btestimonio del Padre, y el Padre da testimonio de mí, y el cEspíritu Santo da testimonio del Padre y de mí; y yo testifico que el Padre manda a todos los hombres, en todo lugar, que se arrepientan y crean en mí.

    33 Y cualquiera que crea en mí, y sea abautizado, éste será bsalvo; y son ellos los que cheredarán el reino de Dios.

    34 Y quien no crea en mí, ni sea bautizado, será condenado.

    35 De cierto, de cierto os digo que ésta es mi doctrina, y del Padre yo doy testimonio de ella; y quien en mí acree, también cree en el Padre; y el Padre le testificará a él de mí, porque lo visitará bcon fuego y con el cEspíritu Santo.

    36 Y así dará el Padre testimonio de mí, y el Espíritu Santo le dará testimonio del Padre y de mí, porque el Padre, y yo, y el Espíritu Santo somos uno.

    37 Y también os digo que debéis arrepentiros, y avolveros como un niño pequeñito, y ser bautizados en mi nombre, o de ninguna manera recibiréis estas cosas.

    38 Y otra vez os digo que debéis arrepentiros, y ser bautizados en mi nombre, y volveros como un niño pequeñito, o de ningún modo heredaréis el reino de Dios.

    39 De cierto, de cierto os digo que ésta es mi doctrina; y los que aedifican sobre esto, edifican sobre mi roca, y las bpuertas del infierno no prevalecerán en contra de ellos.

    40 Y quienes declaren más o menos que esto, y lo establezcan como mi doctrina, tales proced tierra.

    Las Escrituras oficiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

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    en del mal, y no están fundados sobre mi roca; sino que edifican sobre un cimiento de aarena, y las puertas del infierno estarán abiertas para recibirlos, cuando vengan las inundaciones y los azoten los vientos.

    41 Por tanto, id a este pueblo, y declarad las palabras que he hablado, hasta los extremos de la

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