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A medida que crecías, pudiste haber pensado que ser "llamado" por
Dios era algo para misioneros, pastores, monjas y otros trabajadores
de "tiempo completo"; pero la Biblia dice que cada cristiano es
llamado a servir (Efesios 4:1-4; Romanos 1:6-7; Romanos 8:28-30;
1 Corintios 1:2; Filipenses 3:14; 1 Pedro 2:9; 2 Pedro 1:3). Tu
llamado a la salvación incluye el llamamiento a servir. Ambos son
lo mismo. Cualquiera que sea tu trabajo o carrera, estás llamado al
servicio cristiano "a tiempo completo". Un "cristiano que no sirve"
por definición es una contradicción.

La Biblia dice: "Él nos salvó y nos llamó a ser su pueblo, no por
lo que hemos hecho sino según su propósito" 2 Timoteo 1:9. Pedro
añade: "Fueron escogidos para hablar de las excelentes cualidades
de Dios, quien los llamó" 1 Pedro 2:9. En el momento en que usas
las habilidades que Dios te dio para ayudar a otros, estás
cumpliendo con tu llamado.

La Biblia afirma: "Ahora perteneces a Él… de manera que puedas
ser usado para el servicio de Dios" Romanos 7:4. ¿Cuánto de tu
tiempo estás usando en servir a Dios? En algunas iglesias en China,
a los nuevos creyentes les dan la bienvenida diciendo: "Jesús ahora
tiene un nuevo par de ojos para ver, nuevos oídos para escuchar,
nuevas manos para ayudar y un nuevo corazón para amar a otros".
Una de las razones por las que necesitas integrarte a la familia de
la iglesia es para cumplir de forma práctica con tu llamado a servir
a otros creyentes, todo es importante. La Escritura indica: "Todos
ustedes juntos son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es una
parte necesaria y separada de éste" 1 Corintios 12:27. Tu servicio
se necesita con desesperación en el cuerpo de Cristo; pregunta en
cualquier iglesia local. Cada uno de nosotros tenemos un papel a
desempeñar; cada papel es importante. En ningún sentido hay
servicio pequeño para Dios. Tampoco hay ministerios insignificantes
en la iglesia. Algunos son visibles y otros se desarrollan detrás
del escenario, pero todos son valiosos. Los ministerios, pequeños o
escondidos, a veces hacen una inmensa diferencia. En mi hogar, la
luz más importante no es la del gran candelabro que está en el
comedor, sino la de la pequeña lamparita de noche que impide que me
golpee el dedo del pie cuando me levanto en la noche. No hay
correlación entre tamaño e importancia. En asuntos del ministerio,
todos dependemos unos de otros.

¿Qué pasa cuando una parte del cuerpo falla? Te enfermas. El resto
de tu cuerpo sufre. Imagínate si tu hígado decidiera comenzar a
vivir por sí mismo: "¡Estoy cansado! ¡No quiero servir más a este
cuerpo! Quiero un año de descanso; que sólo me alimenten. ¡Tengo
que hacer lo mejor para mí! Deja que otro tome mi lugar". ¿Qué
podría pasar? Tu cuerpo podría morir. Hoy miles de iglesias
locales están muriendo porque los cristianos se rehúsan a servir.
Se sientan como espectadores, mientras el cuerpo sufre.